Steven Saylor: Prólogo a la segunda edición de Outlaw of Gor (1996)

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Steven Saylor: Prólogo a la segunda edición de Outlaw of Gor (1996)

Mensaje  Invitado el Vie Jun 19, 2009 6:03 pm

1996 Masquerade edition of Outlaw of Gor

Tradicionalmente pensamos en las novelas como creaciones complejas, como organismo vivo, donde cuyos autores cuentan historias que son pintadas, fundamentalmente, desde sus propios recuerdos y fantasías, asi como también desde sus dilemas psicológicos conscientes y conflictos subconscientes. Los escritores más sutiles transmutan estos materiales de las maneras más variopintas, y así que de este modo escriben pueden dar lugar a las interpretaciones más diversas; el resultado puede ser temáticamente ambiguo – quizás difícil, quizás perturbador- pero esto es lo que lo hace más fascinante. La totalidad es más que la suma de las partes, y en este respecto se extiende el misterio interminable del arte.

Y luego hay novelistas como John Norman.

Norman es de una escuela muy diferente de escritura. Podemos citarlo como llevar la Psique de alguien a la portada. El resultado no es nada más que fantasía ( de fantasía de verdad, nada es nunca suficiente como se ve al principio) como alegoría (en cuyas acciones y personajes son ponderados con bastantes valores simbólicos obvios, de los que no se pierden).

En las novelas de Gor, John Norman creó su propio mundo alternativo, con intrincadas reglas de comportamiento, sistema de castas, y jerarquías de poder. Pero los aspectos de la ContraTierra que más golpeó a los lectores en 1967 (primera edición de Outlaw of Gor en inglés) fueron las reglas sexuales de hombres y mujeres y las costumbres sexuales de Gor. Los hombres buscan poder y control; son guerreros, proscritos, amos. Las mujeres por otra parte son idealmente esclavas – y aunque ellas puedan tener su propio tipo de orgullo feroz, su conducta, por y en extensión, es exactamente la que cabe esperar de criaturas que son el resultado lógico de una objetivación masculina desenfrenada.

Para algunos lectores, eso es nébeda. Para otros, es arsénico. En los años sesenta y setenta, Gor creó una gran agitación en los círculos de la ciencia ficción, con lectores y escritores tomando bandos sobre si Norman debiera ser tostado y festejado, o por el contrario alquitranado y emplumado. Sospecho que las reacciones de los lectores encontrándose con Gor por primera vez en estas ediciones nuevas (1996) serán como una aguja afilada.

Los escritos de Norman no contienen sexo explícito en tanto como nosotros hemos ido creciendo en la actualidad, pero estaba definitivamente informado por la atmósfera de los últimos años de la década de los sesenta, con sus varias contraculturas y nuevas libertades legales para publicar pornografía. Las novelas no pudieron haberse escrito en los cincuenta, y pasaron precipitadamente de moda en los ochenta.
Norman permitió a su imaginación reinar con libertad, pero en muchos casos, como escritor de ciencia ficción, es un tunante de la escuela de Robert A. Heinlein. Quiere mostrarnos como funciona todo, como su sociedad está estructurada y organizada; le gusta demostrar todas las campanillas y silbatos del artefacto que él construye. Como resultado, Gor no tiene más diversión de la que podría haber sido de una menor sinceridad, más cínico y manipulador escritor, que simplemente fue a pulsar nuestros interruptores para crear un poco de escándalo. No, Norman cree en Gor, y como siempre en estos casos, hay a veces casi una nota embarazosa de seriedad como el autor muy abiertamente expone los tipos de fascinaciones privadas que son tácitamente dejadas o al menos detalladas muy indirectamente. Es como si a nosotros nos invitaran a observar la colección de sellos de alguien, o la cicatriz de un apéndice. Esta auto-exposición puede ser construida desde un acto de bravura, o temeridad, pero en la mayoría de los casos, no creo que el autor realmente lo pueda ayudar. Algunos escritores, por naturaleza, llevan sus psiques en mangas de camisa, especialmente si encuentran lectores que simpatizan inmediatamente y profundamente con sus puntos de vista.

Otros tipos de escritores, haciendo frente al mundo con sus propios términos, pueden todavía producir fantasía (ficción), escapismo, y erotismo, pero siempre habrá una fricción dentro del núcleo de su trabajo, cuanto que el autor constantemente se enfrenta a la ironía de lo que él o ella desea en contra lo que es. En ciencia ficción, Samuel R. Delany nos viene a la mente. En el campo de la política lo será Doris Lessing. En la esfera erótica, Lars Eighner.

Pero el trabajo de un escritor como John Norman es altamente esquemático. La cuestión no es escenificar una confrontación (o reconciliación) entre el mundo y él mismo, sino abandonar el mundo, con todas sus decepciones, complejidades y ambigüedades, dejarlo atrás y moldear su propio mundo, en el que sus propios psicodramas pueden ser jugados en el exterior conforme a sus propias reglas internas de la lógica. Todos los habitantes de este mundo serán curvados a lo que su autor hará. El destino será lo que él decrete.

Este tipo de escritura esquemática puede ser hecha dentro del campo de la política; Ayn Rand es ejemplar. En la erótica, considerar las novelas de A.N. Roquelaure de Anne Rice, con todos sus juegos de rol serpentinos, o en los últimos trabajos de John Preston. (Preston, me parece a mí, comenzó como el otro tipo de escritor, tratando de manera muy realista y erótica la sexualidad gay, y entonces se fue haciendo más y más esquematizado, comenzando con el único parcialmente idealizado señor Benson, y entonces, bajo la influencia de Rice, produciendo obras como The Heir, que está totalmente internalizada y esquemático).

¿Es un tipo de escritor mejor que otro? Ciertamente, el más que sutil tipo de escritura de Delany, Lessing y Eighner, está generalmente considerado ser un arte mayor, pero hay algo que se debe decir sobre el poderoso hechizo que escritores como Rand, Rice, Preston, y sí, John Norman, emite en sus fans. La lectura nos satisface en muchos diferentes niveles, y el mundo debiera ser un lugar más aburrido sin alguno de los mencionados más arriba, incluyendo a John Norman y Gor.

Tristemente, cuando las películas llegaron a Gor, fue en la forma de un par de producciones basura de bajo presupuesto europeo. Aquel viejo escurrido John Milius pudo haber hecho una decente estocada al llevar a Tarl Cabot a la pantalla, (como hizo con el predecesor literario de Cabot, Conan de Robert E. Howards), pero los directores que caen en el olvido de Gor (1988) y Outlaw of Gor (1989) no tenían ni idea de lo que estaban haciendo. (Leonard Maltin: “Montones de espadas, nada de magia”). Ellos ni siquieran tuvieron el buen tacto de jugar con los elementos eróticos, aunque hay algo que se dijo sobre el encantador Urbano barbarini en el papel de Tarl Cabot.

Casi siempre, creaciones tan idiosincráticas como las novelas de Gor debieran ser respetadas como novelas, donde su selecta audiencia pueda encontrarse con sus novelas en silencio, engullirlas en secreto, y representar hasta el final los sueños y fantasías que inspiran como ellos vean adecuado.


Traducido por Carrie Dixon

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Re: Steven Saylor: Prólogo a la segunda edición de Outlaw of Gor (1996)

Mensaje  Invitado el Sáb Jun 20, 2009 12:13 pm

No es exactamente correcto que sea 2ª edición, es una editorial diferente a DAW y se conoce como Masquerade Edition. Ninguna objeción más. Smile

Heather.

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